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Today: Diciembre 04, 2016

Agenda

Crecemos juntos

Cuando tienes un hijo, una hija, tienes la intensión de que crezca. Antes de que nacieran tenías unas ideas... que una vez nacen se confirman... ¿o no?   ¿Crecemos junto con los hijos e hijas q....

Próximo taller on line

Cada inicio de mes comenzamos un nuevo taller. Así puedes incorporarte cuando sea mejor para ti y para tu familia. En él encontrarás todas las herramientas, que he recopilado y continúo en la labo....

Encuesta

Una "torta a tiempo" es una victoria
 

"Los hijos no se castigan para educarlos, se educan para no castigarlos."

Dormir vs Jugar PDF Imprimir Correo electrónico

Mi hija estaba jugando, no le apetecía dormirse sino jugar y compartir con su mamá y con su papá. Realmente podría decir que hace algo muy similar a lo que hacíamos mi hermana y yo mientras teníamos aproximadamente su edad. Mi padre y mi madre tenían sueño y muchas ganas de dormir, pero ella y yo muchas ganas de jugar. La inmensa mayoría de las noches esto terminaba con golpes en el culete. También con pellizcos que nos dábamos para no dormirnos y poder jugar después de escuchar la respiración acompasada que indicaba que nuestro padre se había dormido. A veces nuestros culitos eran golpeados dos veces en la misma noche. Creo que esto ya lo he contado alguna vez... La inteligencia de mi padre y el consentimiento de mi madre no les alcanzaba lo suficiente para comprender que la decisión que estaban tomando no estaba solucionando el tema, dado que casi cada día se repitió durante un largo tiempo.

Hoy puedo comprender que mi padre necesitaba dormir y que mis juegos le despertaban. Que al día siguiente él se iba a trabajar con maquinaria complicada (era carpintero) y necesitaba toda su atención. No puedo comprender que continuara repitiendo algo que claramente no funcionaba. Bueno... tal vez eso también puedo comprenderlo: tiene un trauma venido desde su infancia, dónde también usaron golpes que consiguieron que él tuviera miedo. Esperaba que nosotras tuviéramos el mismo miedo, pero nuestro miedo se había convertido en rabia. Tal vez la rabia incluyera el miedo que él mismo tuvo de niño, ¿quién sabe?

Como iba diciendo, mi hija estaba jugando, como casi cada noche a la hora de dormir. Yo escuchaba mi respiración como método para permitirme sentir de forma segura la frustración que producía en mi cuerpo no satisfacer mi necesidad de descanso. Mientras ella continuaba tratando de conseguir que yo también juegue. Con su edad es completamente natural que sea difícil entender que además de sus necesidades están las necesidades del resto de personas. En dos ocasiones estuve a punto de perder "los papeles" y chillar y golpear a diestro y siniestro. Pero continué respirando.

Entonces aparece una paz que no había sentido antes. Ya mi hija había conseguido llegar a la cama y "medio aceptar" que teníamos necesidades opuestas en ese momento. Ella también sentía malestar porque su necesidad de juego no había tenido eco suficiente. Aunque a la vez feliz por la conexión entre nosotras, abrazadas en la cama. Medio de broma medio en serio le decía que por la mañana yo iba a intentar jugar con ella a las siete u ocho de la mañana. Y ella con sólo pensarlo se sentía preocupada. En estos menesteres andábamos cuando tuve lo que los gestalt llaman un insight: comprendí que mi hija está sana, fuerte, viva y conectada conmigo. Que yo estoy a su lado en una hermosa cama, dentro de una casa. Que tanto ella como su padre y yo estamos sanos y fuertes, y sobre todo vivos. Que a su ritmo está aprendiendo que todas las personas tenemos necesidades y que todas damos algo y recibimos algo. Estamos aprendiendo juntas a sentir de forma segura emociones que para la inmensa mayoría de las personas son peligrosas y prohibidas.

En este punto, ya me sentí extasiada y llena de agradecimiento. No pude (ni quería) obligar a mi hija a acostarse. Ella comprendió que tampoco puede obligarme a jugar cuando estoy cansada. Yo descubrí que podemos sentir la frustración juntas y además todas las cosas que tengo y por estar concentrada sólo en una: la frustración, estaba dejando fuera de mi percepción. Sentí agradecimiento inmenso. Finalmente, la combinación  de las ideas que se proponen desde varios lugares  para evitar castigar y gritar: "decide qué vas a hacer tú y mantente lo más presente posible", dio unos resultados maravillosos.

 

Teresa García.

Psicóloga clínica.

 
Carta abierta al niño que fui PDF Imprimir Correo electrónico

Esta carta fue escrita para sanar algo del pasado en consulta. La persona que la hizo me autorizó a publicarla, cambiando el nombre para respetar su intimidad y esperando que sea de ayuda a otras personas:

 

Querido Juanito:

 

Siento mucho que nadie se percatara de tu miedo. Tuviste y tienes el valor y la fuerza, no sólo de enfrentarte a ese miedo, convirtiéndolo en rabia. Tuviste que construir una armadura porque no encontrabas el modo de manejarlo. Tu madre se reía de tu dolor, y no es que no quisiera ayudarte, es que ella pasó el mismo miedo siendo aún más pequeña. No sabía escuchar y por lo tanto no escuchó ni tu dolor ni el suyo. Aún piensa que si llora ya está todo arreglado. Y también que si dice "lo siento", ya no tienes motivos para quejarte, aunque continúe sin cambiar el comportamiento.

Ella no podía darte otra cosa, porque aun hoy, que estoy yo aquí, crecido, casi cuarenta años después, ella sigue sin tener algo diferente para dar y tampoco quiere cambiar o aprender. Fuiste y eres muy fuerte. Te juraste a ti mismo que nunca harías eso a un niño o niña y para no hacerlo te propusiste no tener hijos. Un día te diste cuenta que eras padre de un bebé que crecía lentamente en el vientre, y no paraste hasta encontrar otro modo de hacer las cosas. Estoy orgulloso de tu decisión, porque hoy muchas personas están aprendiendo gracias a ti, otro modo de hacer la convivencia. Ya nunca más estarás solo y con miedo, ya no necesitas esconderte. Ya puedes sentir tu miedo y tu pena por estar sólo y abandonado.

Hubiera sido tan fácil que alguien te acompañara y te dijera que confiaba en ti. Que alguien te dijera que no era tu responsabilidad y que te agradecieran por cuidar unos niños que no eran tus hijos, sino tus hermanos, y que con la edad que tenías, tampoco era necesaria la perfección. Pero llegó el momento. Quiero que sepas que hiciste todo lo que estaba en tus manos, por unos hermanos que tu padre y tu madre no cuidaban. Quiero que sepas que de esa experiencia sacaste lo mejor, conseguiste llegar a varias familias y hoy gracias a tu experiencia, menos niños sufren. Quiero que sepas que no era culpa tuya el dolor de tu madre y que si, fue cierto, que te trató mal, exigiendo cosa que por tu edad no podías hacer. Y que aún así hiciste todo lo que pudiste por cumplir y hacerla feliz. Tu modo de actuar te condujo al adulto que soy, cuando podría haberte llevado al abismo. Nadie creyó lo que estabas sufriendo, pero ya no tienes que dudar de si es real lo que pasó. Sí, fue real, y por suerte ya has sanado mucho de todo aquello.

Gracias por coger lo mejor de tu padre y de tu madre y usarlo para que otras personas no tengan que pasar por la misma situación. Gracias por tener la fuerza de aprender la perseverancia. La que ellos usaron para tratar mal, yo la estoy usando para amar. Gracias.

Te quiero mucho.

Juan.

 

 

 
Las tres bendiciones PDF Imprimir Correo electrónico

Los primeros días y meses de vida de nuestras criaturas los pasamos en una especie de enamoramiento en el que sólo vemos los grandes logros que están consiguiendo. Hablamos con todas las personas (que han tenido hijos, a los demás les aburre normalmente) de cada pequeño logro, una sonrisa, un balbuceo, la primera vez que se pone de pié, los primeros dientes… etc.


Coexiste el cansancio por el ritmo de sueño del bebé, que aún no se ha acoplado al nuestro. El miedo cuando lloran y no sabemos qué le pasa. Y la cantidad de tareas que van quedando pendientes en casa.


En un momento dado, no para todos los niños y niñas a la misma edad, va yendo a menos lo maravilloso que vemos en la (p)Maternidad y comienza a crecer lo “negativo”. Y no me extraña que sea así en una inmensa mayoría, ya que nuestro cerebro está programado, altamente programado diría yo, para concentrarse en lo negativo. Sólo es necesario asomarse a las noticias para comprobar que las positivas rara vez son noticias. Y que las publicaciones que hablan de grandes casas y mansiones, suelen estar asociadas a la llamada “prensa rosa” o “prensa del corazón”. Suelen llevar la carga de “cotilleos” y de que así no es la vida real… Tal vez no creemos que pueda serlo.


Martin Seligman decide que va a ser quién ponga en la psicología el punto positivo y se ha dedicado a investigar duramente el tema. Es el creador de la psicología positiva. Hoy quiero compartir con todos los padres y madres que leen mi web un ejercicio que él recomienda, y que considero que ayudará a mejorar la convivencia familiar. Él lo recomienda en general, y yo me voy a permitir una pequeña “licencia” y recomendarlo en relación a cada uno de nuestros hijos-hijas.


El ejercicio consta de tres pasos a seguir cada noche antes de irte a dormir:

  • Piensa en tres cosas que te hayan gustado en el día con tus peques.

  • Escríbelas.

  • Reflexiona acerca del porqué han sucedido.


En el tercer punto está lo más importante y puede incluso cambiar algo que considerábamos negativo a positivo. Supón que tu hijo-hija estuvo mucho tiempo enfadado porque quería pasar más tiempo jugando en el parque y tú no podías. Está mostrándote la potencia que empleará en conseguir cualquier objetivo que se proponga.

Ahora bien, durante el día, estoy segura que encontrarás al menos tres cosas positivas que has vivido como madre-padre.

 

En este vídeo el mismo Seligman explica los motivos por los que considera necesario usar diariamente las tres bendiciones. Yo simplemente he añadido la idea de usarlo en la convivencia con nuestros hijos e hijas.

 

Teresa García

Psicóloga clínica.

 
Un poco de Paz PDF Imprimir Correo electrónico

Crecí en una batalla campal, que continuó muchos años después de mi adultez. En mi casa había una guerra civil, entre mi padre y mi madre, sólo que ellos no fueron conscientes de ella hasta mi marcha y la de mis hermanos y hermanas. Entonces ya no podían proyectar su odio y violenci en nosotros y se la proyectaban mutuamente. Permanecían unidos, y me ayudaron a comprender que el odio también une, y con una potencia tal vez igual de fuerte o aún mayor que la del amor.


Mi padre en un intento de educarme para la paz (no conocía los preceptos de Marcy Axness, PhD) me decía: “no cojas las cosas por dónde queman”, una metáfora para pedirme que tuviera paciencia con mi madre. Él me golpeó físicamente, y hasta muchos años después no comprendía que esa frasesita era un golpe emocional. Mi madre me golpeó psicológicamente muchisimo, y cuando todos nos fuimos, el receptor de esos golpes fue mi padre. Entonces se dio cuenta que el “caldero” que me pedía que cogiera por dónde no quemaba, no tenía asas, y era imprescindible crear un paño con el que “sacarlo del fuego”.


Las peores guerras, las que se viven dentro del hogar, son las que menos cobertura y ayuda reciben. El desconocimiento de otros modos de actuar tal vez desestabilizaría un mundo basado en la ley de la obediencia. Una familia que sepa convivir por consenso y extienda su modelo, tal vez y solo tal vez, ponga en peligro la estabilidad de un mundo donde unos mandan y otros obedecen, quejándose o sin rechistar.


Marcy Axness, PhD, hace un doctorado en desarrollo humano cuando sus hijos están en el colegio, y decide que va a orientar a familias en la labor de criar para la paz. Me pareció muy interesante su visión y las herramientas que propone, así que voy a poner un pequeño resumen de ellas. En este enlace puedes ver su web.


Paso 1: Se un investigador contemplativo: El comportamiento de los niños y niñas a veces es su modo de contarnos algo que ellos vivieron en la concepción, en el embarazo o en sus primeros años de vida. Algo de lo que no hemos hablado con ellos y de lo que no han podido expresar su modo de sentirlo y vivirlo. Sentir su comportamiento en nuestro interior puede activar la pista acerca de lo que aún no hemos expresado mutuamente. Del miedo o la culpa que sentimos acerca de ese hecho.


Paso 2: Elige las palabras que vas a usar para expresar esa situación que permanece sin comunicarse expresamente. Siéntete seguro-segura de lo que vas a decir y de tus emociones acerca del tema.


Paso 3: Siéntete cómodo-cómoda con tus palabras: Procesa el material que quieres compartir con tu hijo-hija hasta que las emociones no te sobrepasen. La psiquiatra Myriam Szejer (trabajadora de una unidad neonatal) dice que el milagro de la sanación a veces sucede simplemente hablando acerca de las -usualmente difíciles- experiencias perinatales. Para hacerlo con serenidad, imagina que estás con tu hijo-hija y cuentaselo varias veces. Así el disparador emocional irá bajando en intensidad, hasta que puedas hablar de forma calmada acerca de todo lo sucedido. Siéntete confortable y cómoda-cómodo con la historia antes de “dársela” a tus hijos-hijas.


Paso 4: Declaraciones de cariño: Haz declaraciones acerca de cuánto amas a tu hijo-hija. Comparte lo mucho que le quieres por el simple hecho de ser él/ella misma. Recuerdos de situaciones en las que tu amor y el de las demás personas de la familia, crecen junto a él/ella.

En este punto quiero añadir, de mi propia cosecha, que me parece importante que no sólo sean cosas “positivas”, sino que se incluyan emociones consideradas “negativas”. Por ejemplo: “recuerdas aquel día que te enfadaste muchísimo con … . Incluso ahí te amé aún más, porque estabas sintiendo en profundidad toda tu emoción”. La idea es trasladar el hecho de que le amamos al completo, no sólo la parte “positiva”.


Paso 5: Declaraciones acerca del problema: Definir lo más claramente posible el problema y lo que pensamos y sentimos en relación a él. Por ejemplo: “He visto tu habitación y me pregunto cómo encuentras la ropa que vas a usar cada día”. O bien: “la abuela me ha contado que estaba sorprendida y dolida después de escuchar las palabras …. “

De mi cosecha en este punto, añado que es importante conocer también cómo se siente tu hijo-hija al respecto. Marshal Rosemberg dice que es importante conocer las necesidades de cada persona y hacer un recorrido para encontrar el modo de satisfacerlas, aunque parezcan incompatibles.


Paso 6: Interpretación/propuesta de solución: Expresar claramente nuestra hipótesis acerca de los motivos por los cuales ha sucedido esto. Puede incluir la conversación que teníamos pendiente y que hemos detectado en el paso uno. Hacer algunas propuestas de solución. En ocasiones son situaciones que no se pueden cambiar, como una separación, o la muerte de un ser querido. Ahí lo necesario es ayudar a aceptar la situación y las emociones que genera.

En este punto, de nuevo de mi cosecha en base a otras lecturas, pediría tormenta de ideas para encontrar un modo adecuado de satisfacer las necesidades de todas las personas implicadas en la situación.


Paso 7: Reafirmación del amor y apoyo: Terminamos nuevamente con frases que expresan cuanto le amamos por ser él/ella.



¿Les parece que estos siete pasos pueden conducir a relaciones que construyan paz?


Teresa García.

 

Psicologa.


 
Entonces.. ¿Me estás obligando? PDF Imprimir Correo electrónico

Con esta pregunta puedes sentirte desafiado como padre-madre, y no es para menos. Son preguntas que nosotros como niños y niñas teníamos prohibidas. Lo que se valoraba era la obediencia, y a un extremo tal que la desobediencia era calificada y aún lo es como enfermedad. Tal vez hemos olvidado, o simplemente no sabemos, que en la época de esclavitud en Estados Unidos de America, existía la drapetomanía, que afectaba a aquellos esclavos que querían ser libres.

- ¿Entonces que hago, no salgo de casa si mis hijos no quieren salir?

Los niños y niñas tienen necesidades, igual que los y las adultas. Y aún puede ser peor, puede que uno de tus hijos quiera salir y el otro quedarse en casa, y que aún no tengan edad para quedarse solos en casa. Se hace imprescindible una negociación en la que todos cedemos algo y todos ganamos algo.

- ¿Y qué respondes cuando te preguntan si le estás obligando?

Existen muchas respuestas posibles. Una de ellas puede ser ¿me estás obligando tú a mi a quedarme? Ahí comienza un dialogo. Puede que el niño o niña se sienta capaz para quedarse sólo en casa, pero nosotros sabemos que con cierta edad es un riesgo. Si toca alguien, un desconocido, si hay un accidente con agua o con electricidad... No es tan fácil antes de los doce o catorce años quedarse una horas solo en casa. Y muy probablemente si ya es la hora de salir, tampoco habrá disposición para hablar tranquilamente acerca de ello. Por lo tanto lo más práctico es hablar de ese tema en un momento de relax en casa.

Thomas Gordon propone que se hagan reuniones familiares semanales en las que la voz de cada uno es escuchada y se encuentran soluciones conjuntas a las necesidades familiares.

- Después de tomar las decisiones, olvidan que se tomaron...

Si, es algo bastante común y se enfadan si les obligamos a cumplirlas. En la medida de lo posible es importante no obligar al niño o niña a cumplir con lo que se ha comprometido. Es ahí dónde suele aparecer el "¿Entonces me vas a obligar?" al que podríamos responder con un ¿vas a obligarme tu a mi?

Si hay tiempo suficiente se convoca una reunión familiar de urgencia para valorar el funcionamiento de las decisiones tomadas en ese caso. Así todos pierden el hacer lo que les apetecía y todos ganan en cercanía y relaciones humanas.

- Esas soluciones llevan mucho tiempo, que ahora mismo no tenemos...

Tiempo tenemos todos el mismo, 24h por día. Dedicamos alguno al trabajo, a las tareas del hogar, a ver nuestros programas de televisión, a hablar con la pareja... ¿Cuanto tiempo dedicamos a conectar con nuestros hijos e hijas? ¿Cuanto les incluimos en las tareas como cocinar? Parece que estoy escuchando las respuestas... es que cocinar con ellos (lavar, ordenar, etc) es mucho más lento. O bien: "Cuando yo era niño-niña mi padre me decía lo que tenía que hacer y yo obedecía".

Y sí es cierto, nos falta entrenamiento en convivencia armónica y en toma de decisiones conjunta. Y esperamos que funcione con la misma facilidad y eficacia que la obediencia, pero, ni siquiera la obediencia tiene esa facilidad. Simplemente en nuestra cultura tiene muchos años de entrenamiento.

 

Teresa García.

Psicologa clínica.

 
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