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Today: Enero 19, 2017

Agenda

Crecemos juntos

Cuando tienes un hijo, una hija, tienes la intensión de que crezca. Antes de que nacieran tenías unas ideas... que una vez nacen se confirman... ¿o no?   ¿Crecemos junto con los hijos e hijas q....

Próximo taller on line

Cada inicio de mes comenzamos un nuevo taller. Así puedes incorporarte cuando sea mejor para ti y para tu familia. En él encontrarás todas las herramientas, que he recopilado y continúo en la labo....

Encuesta

Una "torta a tiempo" es una victoria
 

"Los niños no obedecen, imitan."

¿Chivato o denunciante? PDF Imprimir Correo electrónico

Los esquimales distinguen unas 30 tonalidades  de blanco, dónde cualquiera de nosotros distingue como mucho cinco. Para ellos es cuestión de supervivencia y sus ojos y cerebro se han adaptado.  En nuestra sociedad sucede algo así con las palabras, tenemos varios sinónimos para hablar de un “mismo color”. Una de estas palabras que son sinónimas, y que a veces, como con los tipos de blanco, somos incapaces de distinguir son chivar y denunciar. No encuentro diferencia alguna al menos en el significado en el que coincide. Los chivatos tienen muy mala fama, ¿gozan de la misma fama los denunciadores? Pues depende de qué ambiente estemos hablando. Si hablamos de una escuela y de que un niño-niña le diga al maestro-maestra algo que está sucediendo, la diferencia es mínima. Y si hablamos de una cárcel la diferencia es imperceptible. Si hablamos de nuestra sociedad en general, pues la verdad es que tampoco tiene muy buena fama quién denuncia. Los denunciadores legales son la policía y la guardia civil, y bueno, cuando se trata de multas, creo que todos tratamos de “escondernos”. Y en cuanto a otro tipo, por ejemplo entre vecinos, pues tampoco es que caigan muy bien que digamos.


Ambas palabras sólo tienen sentido en un tipo determinado de ambiente: punitivo. Cuando no existen medidas disciplinarias, la palabra adecuada es pedir ayuda. Ejemplo de calle: Cuando se estropea el coche en medio de la autovía y llamas a la policía, no estás denunciando que se rompió el coche, sino que estás pidiendo ayuda, tanto para ti como para los demás conductores porque no quieres que además de la avería haya un accidente.


Las palabras contienen algo más que sonido, contienen toda una cultura. Los que mandan necesitan la colaboración de los mandados. Mi hija lo aprendió en medio de un enfado monumental mientras me decía: “aquí mando yo”, con gritos y patada en el suelo. Mi respuesta fue: “ahora ya sólo necesitas encontrar alguien que quiera obedecer”. Primero se descolocó, después le bajó el enfado, y por último nos abrazamos riendo. Tal vez no es fácil encontrar personas que quieran obedecer y por lo tanto sea imprescindible crearlas, y en esto el lenguaje tiene un papel protagonista.


Tal vez resulta complicado creer en la colaboración, porque llevamos un entrenamiento muy largo en competitividad y desconfianza. En el experimento de la cárcel de Stanford,  “los carceleros” ganaban sembrando la desconfianza, ¿quién gana en un mundo plagado de palabras que la implican?


Decía Marshall B. Rosemberg, en su libro “Comunicación no violenta: un lenguaje de vida”, que hemos crecido en medio de palabras violentas que impiden que tengamos conciencia de lo que sentimos y necesitamos. Él analiza varias en su libro. Yo hoy he decidido comparar dos a las que estamos acostumbrados. Una tiene mala fama, la otra es más “respetada”, y sólo por la creencia popular, no porque realmente haya diferencia entre ellas: “detrás de su uso se espera un castigo o medida disciplinaria”.


Teresa García

Psicóloga clínica.

 

 
Fracciones antes de dormir PDF Imprimir Correo electrónico

Ayer en la cama, mi hija me dice que quiere que hoy yo la peine la mitad de su pelo. Yo le aviso que estoy dispuesta a peinar una cuarta parte y que a ella le toca tres cuartas partes. “Tú divides el pelo en cuatro partes, y tres de esas partes las haces tú, y yo hago una”. La conversación fue derivando y llegó por parte de ella a que yo uso de mi ropero dos quintas partes (tiene cinco puertas), su padre otras dos quintas partes, y la mitad de una quinta parte (la puerta central) la compartimos mi marido y yo. Del altillo, cinco quintas partes son usadas por únicamente por Alberto, puesto que ella y yo no alcanzamos. De ahí a los motivos por los que cinco partido por cinco es igual a uno y a las representaciones con decimales. Diez minutos de charla antes de dormir…


Los niños y niñas son cuestionadores natos, no es necesario fomentar que pregunten o que tengan curiosidad, sino impedir que dicha curiosidad innata sea sofocada. En mi época, con diez años como los de mi hija, aprendí las fracciones en un papel. Nunca entendí la relación entre las fracciones y los decimales, de hecho lo estoy aprendiendo ahora con ella, y eso que mates era mi asignatura favorita. Sólo que estaba en un compartimento estanco, no tenían relación con la vida de todos los días.


Hoy la neurociencia ha demostrado la veracidad de la frase antigua, “permíteme practicarlo y lo aprenderé”. Mis maestros dirían que la práctica tenía lugar en el aula, sólo que era en un papel y con un lápiz. Memoricé las reglas para hacer divisiones de quebrados, pero no llegué a la deducción que mi hija hizo anoche por sí misma: “la mitad de una quinta parte la usas tú  y la otra mitad papá”. Y esto es lo que hacemos cada día: usamos las fracciones y los decimales.


Mis padres tenían tan asumido que ellos no sabían, que jamás intentaron explicarme lo que significaba cuando hablaban de dos quintas partes, o de un tercio. Ellos no fueron a la escuela, mi padre por voluntad propia, prefería el trabajo en el campo que los golpes que le daban en la escuela. Y mi madre porque mi abuelo decía que con que supiera usar una hoz y un cabestro ya tenía para vivir la vida. Mi madre siempre sintió que ella era inferior porque no la permitieron estudiar. Mi padre al dejarlo por voluntad propia, escapó de ese aprendizaje (hoy en España un niño no puede decidir eso, aunque esté recibiendo golpes que le dejarán marcas para toda la vida). Ambos aprendieron que sólo la escuela podía enseñar así que incluso lo que sabían, estaba teñido con esa creencia, y por lo tanto no estaban autorizados a hacer de maestros. Se limitaban a decirme que mi trabajo era estudiar para que fuera una mujer de provecho. Y de esta forma implícitamente me decían que ellos no eran personas de provecho. Que los trabajos que ellos realizaban eran de segunda o tercera categoría.


Mi padre carpintero y agricultor; mi madre ama de casa y vendedora de muebles. Ambos trabajos del sector secundario, aunque ellos no pudieran ponerles nombre. Según ellos las empresas explotaban a la gente porque ésta no tenía estudios. El hecho de que un gran empresario, hoy en día dueño de media isla, y que tiene en su nómina estudiantes desde licenciados hasta graduados en E.S.O., fuera contemporáneo y vecino y que ellos supieran que tenía los mismos estudios que ellos, es decir muy básicos, no les ayudaba a pensar que algo no cuadraba en su teoría. Esos trabajadores, con estudios, también eran explotados, por un alguien sin dichos estudios.

De ahí que los hechos no sean tan relevantes como las creencias. El hecho es que cualquier niño aprende, continuamente está aprendiendo. Que los padres y madres tendemos a creer que solo la escuela puede transmitir los conocimientos necesarios para la sociedad en la que vivimos. Que los niños que aprenden en escuelas libres o como homeschoolers o unschoolers tienen de igual forma todos lo que necesitan para vivir en nuestra cultura. Que hay estudios que muestran los costes de la escuela obligatoria, y que aún así es muy difícil que la población en general los tenga en cuenta. Y todo esto por la creencia que ya tenían mis padres de niños: “el conocimiento se adquiere en la escuela”.


Las creencias son unas gafas que llevamos puestas y que dan el color de sus cristales a todo lo que vemos. Además, muchas veces no sabemos qué color tienen dichos cristales e incluso ignoramos que las tenemos puestas. Algunas se llaman “contrato de vida”, lo cual quiere decir que si las cambiáramos, toda nuestra vida perdería el sentido. Por lo tanto cuestionarlas puede generar un estrés biológico importante. Cualquier pregunta o hecho que indirectamente contradiga una de este tipo, genera reacciones violentas. Si mi madre le dice a su médico-médica que ha estabilizado las hormonas del tiroides con reflexoterapia podal y que no ha usado las medicinas que le fueron recetadas, posiblemente obtenga una de estas “reacciones violentas”. Indirectamente este hecho estaría cuestionando la creencia contrato de vida alguien profesional de la medicina.


Mi hija aprendió algo del currículum escolar anoche, en menos de diez minutos, mientras nos dormíamos. En el mejor mejor momento por otra parte, ya que a nivel neurológico, el sueño fija los aprendizajes. Este hecho contradice varias creencias asociadas a la escolarización. Tal vez sea necesario que tengamos cierta conciencia de que tipo de “muebles” llevamos incorporados. Y al igual que en una casa, cuando uno  resulta no ser útil, se cambia por otro, y se asumen los costes de ello. Preguntarnos si una creencia aún nos es necesaria y si no es así, cambiarla, por nosotros mismos o con ayuda de un-una profesional.


Teresa García

Psicóloga clínica.

 
Costes de la escolarización obligatoria PDF Imprimir Correo electrónico

Estos días pedía en un grupo información acerca de la historia de la escuela. Había visto en un documental que en la época de los romanos la obligatoria era sólo para los esclavos, el resto de personas tenían otro “tipo de educación”. Una persona me mostró un proyecto que hasta ese momento  desconocía, y realmente me encantó: Las misiones pedagógicas que actuaron en España desde 1931 hasta 1936. Desde luego es historia de la educación, aunque no de la educación obligatoria. La voluntad de llevar su cultura a otros lugares la encuentro maravillosa. Y si además se impregnaron de la de esos lugares que visitaron ya sería monumental. Venimos de colonizadores que han despreciado los saberes de los lugares desconocidos.


Estas personas asumieron el coste de compartir su cultura, y lo hicieron voluntariamente. El coste de la educación obligatoria tal vez es poco conocido, y mucho más alto que el que asumieron esas personas. Por ejemplo:


  1. Irwin A. Hyman & Donna C. Perone (1998).  The Other Side of Student Violence: Educator Policies and Practices That May Contribute to Student Misbehavior. Journal of School Psychology, 36, 7-27. En este estudio podemos ver:

    1. Que la violencia ejercida por los niños es mucho menor que la ejercida por adultos en la vida normal.

    2. Que con la intención de “proteger” los derechos de los niños, se les priva de derechos fundamentales, como el derecho a la intimidad, lo que en sí es violencia.

    3. Que casi no hay estudios que exploren los malos tratos ejercidos desde la dirección del colegio y los maestros y maestras.

    4. Que los niños y niñas reciben tratos vejatorios supestamente para protegerles pero que al ser intrusivos generan estrés y ansiedad, que a su vez aumentan el nivel de violencia en la escuela.

  2. https://www.researchgate.net/publication/234748413_Emotional_Abuse_in_the_Classroom_Implications_and_Interventions_for_Counselors En este estudio podemos ver:

    1. Los adultos mantienen recuerdos de la escuela sintomáticos de estrés post tramumático, habiendo recibido en las aulas y por parte de los maestros y maestras, tratos que menoscaban la dignidad: gritos, insultos, amenazas…

    2. Es difícil encontrar una definición para abuso emocional, a pesar de estar los síntomas suficientemente visibles en los niños y niñas.

    3. Nuevamente, es difícil encontrar estudios acerca de los comportamientos de los maestros y maestras en el aula.

  3. https://www.apa.org/news/press/releases/stress/2013/stress-report.pdf En este otro estudio encontramos:

    1. Los y las adolescentes se sienten mucho más estresados que las personas adultas.

    2. El 83% de los encuestados centran el foco de su estrés en la escuela.


Sólo he citado tres estudios, de los muchos que podemos encontrar acerca del precio que pagamos por la escolarización obligatoria. Además de los libros, uniformes, cuotas si es una escuela privada, están los costes emocionales, que recordemos sufrirán nuestros hijos e hijas y nosotros como padres y madres.

Las terapias que pueden necesitar en un futuro o en el presente, también son un coste que asumimos, tengamos consciencia o no de ello.

En este momento creo que la escolarización obligatoria necesita de misioneros tan entregados como los de las misiones pedagógicas con las que comenzaba este post. Misioneros con ánimo para poner sus recursos al servicio de los maestros y maestras que necesitan un apoyo para manejar sus emociones en un aula. Con recursos financieros y humanos para asumir un coste emocional que recae en la convivencia dentro y fuera de la escuela.

Los efectos del estrés en los niños y niñas generan conductas que después son calificadas como “malas conductas”... Y así se completa un círculo vicioso que en algún punto necesitamos romper…


Teresa García

Psicóloga Clínica.



 
¿Qué cae en el examen? PDF Imprimir Correo electrónico

La inmensa mayoría de maestros y maestras han escuchado esta pregunta varias veces cada trimestre. Y es de las primeras que aprenden a hacer los niños y niñas en prácticamente todas las escuelas. Curioso para un lugar dedicado supuestamente al aprendizaje. No cuestionan lo que pueden aprender sino lo que caerá en el examen. Además sabemos que después del examen el recuerdo cae rápidamente, a no ser que lo estudiado esté en uso constante. Recordamos continuamente sumar y restar a pesar de usar la calculadora continuamente. Sin embargo muchos de nosotros hemos olvidado el modo en que se hace una raíz cuadrada, por ejemplo. Y esto tiene una base científica, recordamos lo que usamos a menudo, simplemente porque el cerebro trabaja con base en la economía de energía, ya que está diseñado para la supervivencia.


Esta pregunta nos muestra una realidad a las personas que trabajamos con el lenguaje. La materia es menos importante que la nota del examen, por lo tanto se olvidará en poco tiempo. La confianza del niño en su propia capacidad para decidir ha recibido ya una merma importante. La confianza del adulto en el niño también está “tocada”, puesto que el niño “tiene que” demostrar qué ha aprendido. En este punto el maestro de vocación puede verse dividido entre cumplir con el sistema o cumplir con la vocación de acompañar el aprendizaje.


Estos pensamientos son discutibles y por supuesto habrá quienes estén en desacuerdo. Reinterpretar el uso de los exámenes como muestra de trabajo y de aprendizaje resulta relativamente fácil. Y a pesar de ello las pruebas científicas muestran otra cosa. El simple hecho de dar importancia a la nota quita la importancia de lo que realmente estés estudiando o haciendo. Esto afecta a todos los ámbitos, no exclusivamente a la escuela. Y las notas actúan como una recompensa en todos los sentidos. El aprendizaje se convierte en un medio para conseguir un fin: “los aprobados y los sobresalientes”. En este estudio se muestra claramente como la primera opción queda desdibujada por el premio.


Podemos encontrar más estudios en este sentido por ejemplo éste en el que podemos leer lo siguiente:

“Cuando los sujetos son recompensados por implicarse en actividades que son inicialmente son intrinsicamente interesantes, tienden a perder el interés en las tareas en subsiguientes periodos de elección libre (esto es que es menos probable que se impliquen en la actividad) comparados con sujetos que no han sido recompensados. (Deci 1971) Este efecto ha sido replicado con una amplia variedad de actividades, recompensas y poblaciones (...)

Es decir, creemos que estamos incentivando un comportamiento determinado al usar recompensas, y sin embargo estamos haciendo justo lo contrario de lo que creemos. No es de extrañar que la motivación en los estudios vaya decreciendo a medida que avanzan en los cursos, si tenemos en cuenta lo que muestran estos estudios.


Supongamos que aún permanece la duda acerca de si las puntuaciones y notas actúan o no como un premio, ayudando a perder el interés. Alfie Kohn se ha dedicado a reunir la evidencia científica acerca de este tema y lo que ha encontrado anima a evitar el sistema de exámenes:

  • Las puntuaciones tienden a disminuir el interés de los alumnos en lo que sea que estén estudiando. La orientación hacia notas o aprendizajes ha mostrado estar inversamente relacionado y hasta donde puedo decir (Alfie Kohn), cada estudio que ha estado investigando el impacto en la motivación intrínseca de recibir notas, o instrucciones que enfatizan la importancia de las buenas notas, ha encontrado un efecto negativo.

  • Las notas crean preferencia por el mínimo esfuerzo en las tareas. Recalcar a los estudiantes que lo que están haciendo puede contar en su nota, y su respuesta se aproximará a evitar tomar riesgos intelectuales innecesarios. Elegirán un libro pequeño, o una tarea familiar para minimizar la posibilidad de hacerlo pobremente -no porque estén desmotivados sino porque son racionales. Están respondiendo a adultos que al decirles que la meta es tener una buena nota, les enviaron el mensaje de que éxito importa más que el aprendizaje.

  • Las notas tienden a bajar la calidad en el pensamiento de los estudiantes. Pueden ojear libros buscando lo que necesitarían saber. Es menos probable que  pregunten “¿Cómo puedo estar seguro-segura que esto es cierto?” que “¿esto caerá en el examen?”. En un experimento, los estudiantes a los que les dijeron que les puntuarían por como de bien aprendían una lección de estudios sociales, tuvieron más problemas en la comprensión del punto principal del texto que aquellos a los que les fue dicho que no había puntuación por ese tema. Incluso en una prueba de recuerdo, el grupo puntuado recordó menos hechos una semana después (Grolnick y Ryan, 1987)


A la vista de estos datos y de muchos más que se pueden encontrar y que Alfie Kohn continúa rastreando, el panorama es desolador. Peter Gray, psicólogo, recomienda usar la alternativa de escuelas libres, homeschooling o unschooling. Y me parece una alternativa razonable, él lleva años estudiando los resultados y en su libro “Free to Learn” explica sus hallazgos.


Yo pienso en otras alternativas, que pasan por llevar estos estudios a las universidades de ciencias de la educación. Sólo que mientras tanto, hasta que los viejos paradigmas caigan, ¿Llevamos a nuestros hijos a un lugar dónde está comprobado que perderán interés en el aprendizaje?

Si eres de las personas que han leído estos estudios, sabrás que en los últimos años ha decrecido el interés por hacerlos. Tal vez porque los resultados son poco halagüeños y es muy difícil cambiar el sistema. Posiblemente estés interesado en fórmulas para contrarrestar la influencia del sistema. Y por ahora eso es lo que pienso, acceder a una escuela libre, o bien contrarrestar los efectos del sistema.


Teresa García.

Psicóloga clínica.

 

 

 

 
El burro y la universidad PDF Imprimir Correo electrónico

Cuenta la historia que un burro cayó a un pozo que ya estaba seco. El animal “chillaba” en el fondo y su dueño interpretaba sus gritos como peticiones de ayuda. Después de pensarlo mucho pidió a sus vecinos que le ayudaran a enterrarlo, porque era imposible sacarlo de allí. Los vecinos comenzaron a tirar palas de tierra, tratando de hacer los más corta posible su agonía. Pero el burro, que no conocía de imposibles, sacudía cada vez la tierra que le caía encima y la pisoteaba. Los enterradores comprendieron la lección del burro, y aunque fue un arduo trabajo de colaboración mutua, el pozo se llenó de tierra y pollino salió con vida.


En las tradiciones antiguas la mente se compara con un mono, yo voy a compararla con un burro. Parece que no toma en cuenta que todos esperan que las buenas notas sean un predictor de éxito en la vida. Algo menos que un sobresaliente ya preocupa a la mayoría de personas. Y la ciencia viene y contradice estos argumentos, pero se encuentra con el burro, la mente, que no va a colaborar en lo que todos esperan, sino en otra cosa.


Mathew Mayhew y sus colegas en 2012 se propusieron probar científicamente la frase popular: “si tienes buenas notas … “ (rellena en los puntos suspensivos) Y se encontraron que la mente tiene sus propias leyes. Encuestaron a miles de expertos universitarios de varias instituciones superiores con baterías de test y cuestionarios psicológicos. Uno de sus mayores descubrimientos fue una relación inversa entre la nota media reportada por los estudiantes y su orientación hacia el trabajo de innovación o creatividad. A mayor nota media menor interés en la creatividad.

Como posible explicación a estos resultados, los investigadores creen que las personas que tienen alta creatividad están menos preocupados por las notas o quizá que utilizan la universidad como un medio para explorar nuevos caminos de innovación. (Matthew J. Mayhew et al. (2012).  Exploring Innovative Entrepreneurship and Its Ties to Higher Educational Experiences Res High Educ 53:831–859.)


Lo cierto es que nuestro sistema necesita innovación, al menos en mi opinión, está a punto de auto-destruirse. Sin embargo la innovación es castigada con las “malas notas”. Tenemos un sistema de respuesta única, y aunque en aritmética así es, dos más dos tiene una única respuesta, es igual de cierto que si se puede llegar al resultado por infinitos caminos y cualquier matemático puede confirmarlo. La exploración de esos diferentes caminos por cada persona redundaría en lo que se llama “pensamiento lateral”, el que nos llevaría a la creatividad e innovación. Tal vez las universidades se convertirían en una institución más efectiva si tuviera en cuenta el pensamiento lateral. Claro que también se encuentran con unos niños que en su mayoría han tenido prohibida la exploración para llegar a las conclusiones y que más bien han aprendido a “abrir la boca” y “tragar” aunque no lo entiendan. A vomitar en un examen sin tener en cuenta el aprendizaje implícito: “sólo existe una forma de hacerlo”.

 

Frente a esto nos encontramos con grandes empresas a nivel internacional, como google, que dicen que la universidad sólo sirve para conseguir expertos en el mundo universitario y por lo tanto para el trabajo que ellos necesitan no valen. Las razones son obvias, ellos no son una universidad, son una empresa del presente que necesitan personas creativas en la dirección. (Lazlo Bock en el NYT)

 

Teresa García.

Psicóloga clínica.

 
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