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En esta sección iré colocando algunas de las muchas anecdotas que se suceden en nuestros talleres. Cada cierto tiempo las iré actualizando, de forma que vayamos leyendo lo que "otros padres" han conseguido...
Una de las más graciosas fue en un taller en el que Ruth, mi hija de tres años y once meses en aquel momento, decidió que quería quedarse en el taller presencial. Su padre estaba con ella. Yo le expliqué "en su nivel", que necesitabamos silencio para concentrarnos. Ella jugaba con su padre, en silencio, pero pasado un tiempecito comenzó a hacer ruido con una pelota. Así que le hice un gesto que significaba "necesitamos silencio", y que ella comprendió. No pasaron diez minutos, y el ruído empezó de nuevo. Entonces dije a las personas que estaban haciendo el taller, "disculpenme un momento", y hablé con la niña. De nuestra negociación, resultó que la niña se fue con su padre a jugar al parque y se despidió de mí con un beso.
Yo suponía que las personas que hacían el taller, se pondrían a hablar entre ellos, pero lo que hicieron fue estudiar concienzudamente la conversación entre Ruth y yo. Cuando la niña se hubo ido, un padre muy simpático me dijo: "esto lo tenías preparado, ¿no?". Todos nos reimos a "carcajada limpia", porque era evidente que con una niña de tan corta edad, no existen ensayos posibles... El mismo padre dijo que para él valía la pena el taller sólo por haber visto la conversación entre la niña y yo.
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